NIETZSCHE EN ESPAÑOL |
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RESEÑA |
A Nietzsche se lo edita bastante en castellano; pero también con excesiva frecuencia se lo edita mal, porque lo que interesa es vender sus textos, antes que proporcionar un acceso riguroso a sus obras. La operación suele ser puramente comercial, en absoluto de difusión cultural, por más que se revista con tintes contrarios. Lo obsoleto de los criterios esgrimidos y la falta de aparato crítico muestran a las claras de qué va el asunto. No se trata de dar a conocer los escritos de Nietzsche que todavía permanecen inéditos en nuestra lengua, y que cuantitativamente constituyen una proporción aún mayor que la de la obra publicada, sino de intentar colocar de nuevo un producto que se vendió bien en el pasado. Se multiplican así las versiones de textos suyos traducidos anteriormente y que no aportan nada nuevo. Se toma una antigua traducción sin revisar ni corregir, ya no errores, sino sencillamente erratas; se le añade un prólogo que dé aire académico a la nueva edición (aunque a menudo el prologuista, carente de un conocimiento especializado del autor en cuestión, se limite a "fusilar" de aquí y allá las ideas de estudiosos de renombre) y la cosa sale a la calle.
Del libro Humano, demasiado humano hay ejemplos no muy lejanos de semejante proceder, tal como señala en su estudio introductorio Manuel Barrios, uno de los responsables de la más reciente y excelente edición de esta obra de Nietzsche, junto con los fragmentos póstumos de la época. Como digo, Barrios se limita a señalar el caso, con prudencia, en una nota a pie de página y sin concederle mayor atención. Alguien que, como él, sí que le ha dedicado años al estudio del pensamiento nietzscheano, publicando varias relevantes monografías al respecto La voluntad de poder como amor (Barcelona, Serbal, 1990), Hölderlin y Nietzsche, dos paradigmas intempestivos de la modernidad en contacto (Sevilla, Reflexión, 1992), Voluntad de lo trágico. El concepto de voluntad a partir de "El nacimiento de la tragedia" (Sevilla, Er, 1993) debe de estar acostumbrado a comprobar cuán alargada sigue siendo la sombra de la "hermana abusiva" de Nietzsche, esa Elisabeth falsificadora, manipuladora de textos y editora de un libro Der Wille zur Macht que el filósofo nunca escribió. La réplica más válida a tales desafueros la dan Barrios y el otro responsable de la edición, ese escrupuloso traductor que es Alfredo Brotóns Muñoz, con su propia edición. Para empezar, la obra se nos presenta aquí íntegramente, esto es: tanto la primera parte, subtitulada "Un libro para espíritus libres", como las dos siguientes entregas, Opiniones y sentencias varias y El caminante y su sombra, en un segundo volumen. Además, en lo que supone una novedosa aportación en el terreno de las traducciones de Nietzsche al castellano, cada uno de los volúmenes incorpora todo el conjunto de "fragmentos póstumos" redactados durante los períodos correspondientes a las distintas partes de la obra (1876-78 y 1878-79, respectivamente). Se puede considerar ciertamente que la labor traductora de Brotóns es correcta, aunque falta a veces de la precisión terminológica del especialista. No obstante, mientras seguimos esperando que ese gran traductor de Nietzsche que es Andrés Sánchez Pascual publique su ya hace tiempo anunciada versión íntegra de los Nachgelassene Fragmente en la editorial Alianza, este adelanto supone una alternativa gratificante, que a la vez, mediante otro criterio de edición, nos permite leer en un mismo volumen tanto el texto dedicado por el filósofo a la imprenta cuanto el texto previo de elaboración, nunca impreso.
Pero tanto o más destacable que la traducción de un material textual que abarca en su integridad la producción intelectual nietzscheana desde 1876 hasta 1879 es el modo en que esta edición nos facilita el acceso a su lectura. Por una parte, todo el texto se ve acompañado de un detallado aparato de notas, que identifica referencias, las hace más inteligibles o bien indica variantes de escritura. Por otro lado, el primer volumen se abre con un estudio preliminar de Manuel Barrios, titulado "Nietzsche: la crítica de la metafísica como curvatura de la Ilustración", en el que se nos ofrece una clave interpretativa de la obra sumamente esclarecedora, en la medida en que no se limita a condensar con acierto las ideas fundamentales de este periodo del pensamiento nietzscheano, sino que explica en profundidad el nexo con el conjunto de su obra. En concreto, rastreando la dimensión hermenéutica del trabajo de crítica genealógica de la cultura emprendido en estos escritos, se perfila aquí una correlación con la tarea posterior de crítica de la metafísica que, a juicio del autor, ni siquiera la aguda exégesis de Heidegger ha llegado a apreciar en su justa medida. De este modo, Barrios matiza suficientemente el sentido de términos como el de "ilustrado", con el que se suele caracterizar esta faceta de la filosofía de Nietzsche y, en lugar de tomarla como un episodio pasajero y luego superado sin más en la obra posterior, la presenta convincentemente como el núcleo de su más genuina aportación intelectual: "Nietzsche concibe su crítica genealógica de la metafísica como viraje o curvatura de la Ilustración, no sencillamente como prosecución o abandono de la misma. Se trata, pues, de un virar de la propia Ilustración, de un curvarse sobre sí para aplicar al fin su talante desmitificador sobre sus propios productos. En virtud de tal viraje se agudizan los aspectos disolutivos del pensamiento ilustrado (inmanentismo, crítica de la razón), al tiempo que se cuestionan aquellos otros que aún lo mantenían demasiado apegado a las formas de un pasado sublimado como clasicismo en la versión oficial de una cultura humanista" (I, 21). Anticipo, pues, de la propia torsión de la metafísica sugerida por Heidegger, el viraje ultrailustrado del filosofar nietzscheano lo distancia de un simple irracionalismo y confiere una especial profundidad a su comprensión del horizonte problemático del nihilismo como destino de la época. En ese sentido, el "monumento a una crisis" que supuso, en palabras del propio Nietzsche, Humano, demasiado humano, no da paso a ninguna cancelación definitiva de la misma, sino a la asunción creadora de dicha crisis como condición constitutiva de una existencia histórica surgida tras la "muerte de Dios".
Haber sabido iluminar esta genuina dimensión que aporta el libro de Nietzsche al conjunto de su pensamiento es, en definitiva, el mérito más sobresaliente de esta reciente edición de Humano, demasiado humano.
Javier Rodríguez Fernández
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